La hipnoterapia y el hipnoanálisis
La programación existencial permite hacerse dueño de su propia vida,
desprogramando influencias psicológicas de personas que pueden haber
influido negativamente sobre uno queriéndolo o no, como si fueran
un hipnotizador que nos haya hipnotizado para mal nuestro.
El hipnoanálisis permite descubrir tales influencias y la hipnoterapia
puede sacar de raiz el problema en un tiempo mucho menor que las terapias
tradicionales y así tener la capacidad para disfrutar de la vida y
para sentir el placer.
La programación existencial comparte su origen en la sabiduría milenaria
de la humanidad con la cábala y el yoga, pero no es yoga aunque tiene
muchas cosas en común con ambos.
La persona humana es como un edificio con tres subsuelos; donde está
su cuerpo y su mente consciente sería el edificio arriba del nivel
del suelo: este es el nivel de vigilia el que utilizamos cuando estamos
despiertos, cuando estamos haciendo alguna tarea (p.ej. realizando
un cálculo matemático o leyendo un libro).
Lo que sería el primer subsuelo es el nivel letárgico (nivel alfa)
en ese nivel se suelen hacer las sesiones de psicoanálisis y ya empieza
un fenómeno que cada vez se da más cuando vamos a niveles profundos
de la mente: la hipermnesia. Por eso es que en sesiones de psicoanálisis
la gente recuerda cosas que tenía olvidadas y aún de hilaciones de
hechos y emociones, es decir por qué siente tal cosa hacia tal persona,
la verdadera motivación. Empieza una comprensión más profunda de la
mente.
En lo que sería el segundo subsuelo, que es el nivel cataléptico,
que es cuando la gente está durmiendo quieta (nivel theta) es donde
se dan los sueños. Y, precisamente, decía Freud, que la interpretación
de los sueños es la vía regia para interpretar el inconciente porque
ahí afloran contenidos muy profundos, cosas muy reprimidas.
Y lo que sería el tercer subsuelo (nivel delta) es más profundo, conocido
también como nivel sonambulístico porque si se llega a ese nivel por
acción de un hipnotizador la persona puede obedecer órdenes. En ese
nivel en el sueño natural es donde se dan los R.E.M. (rapid eye movement)
y es donde se satisfacen en forma onírica y alucinatoria las necesidades
más profundas y reprimidas.
La adicción a las drogas, como la imposición de modelos están en estos
niveles profundos.
Es bueno aclarar que la hipermnesia no consiste siempre en hipnotizar
a la gente sino también en el hipnoanálisis y en la explicación de
cómo funciona la hipnosis. Se le explica a la persona, p.ej. si es
un golpeador, que su padre ha sido tal y ha golpeado a su madre, a
sus hermanos y a él mismo. Pero que él mismo repite la misma conducta
y no lo puede evitar. Se le explica cómo funciona, cómo su padre sin
proponérselo, actuó desde un lugar de superioridad, de autoridad y
de poder, sobre él que era un niño indefenso, inerme, receptivo, cómo
influyó progresivamente en su mente, de la misma forma como lo hubiera
hecho un hipnotizador. A medida que la persona entiende esto, va desarmando
eso que es una cuasi-hipnosis destructiva para él mismo y para su
familia. Algo bastante parecido les ocurre a muchas personas jóvenes
y aún muy jóvenes que siguen la moda pero de la misma forma que si
siguieran a un dictador, aún a costa de su salud, llevándolos p.ej.
a la anorexia o a la necesidad de vestirse de tal o cual forma, simplemente
porque la moda del momento lo dice. Y se les explica cómo funciona
ese mecanismo para que recuperen su libertad y puedan luego vivir
normalmente, libremente, siguiendo a la moda cuando pueden y cuando
les conviene, y cuando no les conviene no, pero con plena libertad,
en paz y pudiendo ser más felices.
Cada persona humana está al comando de una maquinaria de hábitos.
Los hábitos o capacidades adquiridas y automáticas le costaron mucho
tiempo y esfuerzo. P. ej., cuando aprendió a caminar le llevó meses
y hoy lo hace casi automáticamente, sólo con decidir hacerlo, lo mismo
se puede decir de leer, de escribir, de viajar, de hablar y hasta
de hacer el amor.
En medio de toda esta maquinaria de hábitos buenos y útiles, se mezcla
a veces un hábito nocivo que es la drogadicción. Está entrelazada
y muchas veces hasta en niveles profundos de la mente con los hábitos
buenos: es como un yuyo malo que está entre las plantas buenas. Por
eso es muy útil a las personas que quieren librarse de la drogadicción
y aún de la drogodependencia, un día por semana suspender muchos de
los hábitos. P. ej., el día en que no va a trabajar suspender también
otras actividades es decir, un día de descanso y donde también se
le dé descanso a la depresión que según la psicóloga culturalista
Karen Horney es la enfermedad básica en la mente: es la angustia básica
por la falta de afecto genuino. Muchos niños y jóvenes y aún personas
adultas porque sienten que no los quieren de verdad sus padres y los
que los rodean, o no los han querido cuando ellos eran niños y los
necesitaban mucho, precisamente se sienten como vacíos, como desamparados,
como si a la vida le faltara sentido, y por eso caen mucho más fácilmente
en la drogadicción.
Por eso es que es muy útil el descanso semanal. Sabiamente en la Biblia
se indica el sábado o sea un día de descanso donde aún el luto descansa
también. Esta saludable costumbre la seguían los portugueses cristianos
en Brasil cuando le daban un día de descanso –en el caso de ellos
el domingo- a los esclavos, lo cual les servía para la recuperación
física y mental.
Cuando está demasiado arraigada la drogadicción y, peor la drogodependencia,
es muy útil bajar a esos niveles profundos y, en distintas sesiones
y en forma progresiva, cambiar la sugestión inconciente que hay, en
el sentido de que puedan dejar la droga, que puedan volver a ser felices
desarrollando una vida normal, natural, como antes de la adicción.
Es muy útil también el no frecuentar los lugares en los que se relacionó
con la droga o que le sirven como estímulo para el consumo de drogas.
P. ej., si alguien para ir a su trabajo pasa siempre por una calle
que es el lugar donde le dan o le venden las drogas y encuentra a
amigos o conocidos que también las consumen, lo mejor es que trate
de ir por otra calle, por otro lugar; si es en un club o que no vaya
a ese club o que vaya en otros horarios o a otras partes de ese mismo
club, donde no le sirvan de reforzador a la adicción.
Cuando está en niveles profundos de la mente, se sabe en el hecho
de que por más que se le dén explicaciones a esa persona de lo nocivo
que es su adicción, del daño que le hacen las drogas, a pesar de ello
no puede dejar de consumir: es algo parecido a lo que les ocurre a
los hombres golpeadores que comprenden todo lo malo de su conducta
violenta y autoritaria pero no pueden dejar de hacerlo, aún cuando
quisieran no hacerlo. En estos casos es muy útil la hipnoterapia.
Es como si en un edificio que tiene tres subsuelos, y donde se ha
cortado la energía eléctrica o el suministro de agua corriente, quisieran
arreglarlo desde la planta baja hacia arriba, siendo que el desperfecto
está en una de las máquinas eléctricas o elevadoras de agua que se
encuentran en los subsuelos. La forma para arreglar el problema no
es insistir arriba (en este caso en lo conciente) sino descender a
los niveles profundos.
El hipnoanálisis puede ser muy bueno porque desciende a esos niveles
profundos pero se tarda mucho tiempo. Mucho más rápido y efectivo
es la hipnoterapia.
El hipnoanálisis:
Por hipnoanálisis pueden entenderse dos cosas distintas: 1) la utilización
de la hipnosis para encontrar el núcleo de síntomas neuróticos o trastornos
de comportamiento, como una ayuda en el tratamiento psicoanalítico
que quizá pueda haberse prolongado ya por mucho tiempo sin encontrar
la causa, y con la hipnosis, se encuentra ese núcleo reprimido y olvidado
y 2) la explicación de cómo influyen unas personas sobre otras como
verdaderos hipnotizadores sin proponérselo programando la vida de
otros, como programadores existenciales. Y precisamente eso ofrecemos
con la programación existencial: no sólo el desarrollo de las propias
capacidades que se tienen y que se quieren desarrollar, sino también
para desprogramar aquellas programaciones negativas que otras personas
han impreso en la mente y en la existencia de alguien.
Algunos definen a la hipnosis como un estado de influencia exagerada,
de sugestión. Hay personas que por ubicarse en un lugar social superior
o de poder y de quien otros dependen influyen exageradamente sobre
estos otros, especialmente si alguien de ellos se siente indefenso.
Por naturaleza como decía Freud cuando señaló el principio del placer
todos buscan el placer y huyen del dolor en sus diversas formas. Lo
primero es salvar la vida, luego vivir en paz, no tener sufrimientos
y lograr aquellas cosas que le dan placer y que lo hacen sentir feliz
y tratar de huir de aquellas que le dan dolor, sufrimiento, angustia
y peor que todo que lo pueden llevar a la muerte.
Cuando todo esto depende de otra persona, ése de quien se depende
tanto para el bien como para evitar el mal, esa persona pasa a tener
una influencia exagerada. Y precisamente para que nos dé lo que necesitamos
(p.ej., alimento, paz, seguridad, felicidad, sexo o lo que fuere)
y que no nos cause el mal, el dolor (p.ej., humillaciones, golpes,
heridas, opresión o muerte) se trata de agradarle. Y una de las formas
de agradarle es la identificación introyectiva o sea pasar a ser igual
que él, por lo que lo más seguro es que el poderoso, el dominador,
el “amo” no va a ser malo consigo mismo y en la medida en que nos
ve parecidos a él, es más probable que sea bueno y deje de ser malo
con uno.
Esto lo utilizan en las fuerzas armadas cabos y sargentos que se enorgullecen
de cómo van “cambiando” a los soldados, porque precisamente los soldados
se sienten indefensos y temerosos frente a ellos de quienes dependen
para el bien y para evitar el mal y que aún los pueden llevar a situaciones
muy graves, al sufrimiento y hasta de poner en peligro sus vidas;
y por eso tratan de agradarles, de obedecerles y de identificarse
con ellos hasta el punto que van copiando sus actitudes, sus gestos
y hasta su manera de pensar y ser. Es como si empezaran a ser “hijos”
del cabo o del sargento o del superior que fuere, del cual dependen.
Los padres, maestros y líderes, en general, sirven para desarrollar
las capacidades naturales que cada persona tiene o que los pueblos
tienen, o que la gente tiene, si ellos son buenos. Pero hay algunos,
que son los menos, que son malos y programan a las otras personas
para su propia destrucción. P.ej., les dan como un mensaje preverbal,
es decir un mensaje que se da a entender con gestos, actitudes, convicciones
que se transmiten, que van a fracasar, que no son capaces, que son
malos, que al natural no pueden ser buenos. Así también algunas madres,
que son las menos, las cuales están en competencia con la hija y le
dan a entender que va a fracasar en su matrimonio, o que va a ser
incapaz de terminar los estudios; o padres que atacan a sus hijos
físicamente o con el desprecio y la inculpación de cualquier cosa
hacen ver que ya es una gran culpa que han cometido sus hijos y que
lo normal de ellos es que van a fracasar y les va a ir mal. En la
medida que esto se va generando de un modo parecido a como lo haría
un hipnotizador, influye decisivamente en la vida, y hasta en la salud
de las personas.
Esa es una programación negativa que con esto que ofrecemos, con la
programación existencial, se le explica como funciona y como se la
desarma, para lo cual se hace el hipnoanálisis, que no es hipnotizar
a nadie, sino al contrario mostrarle cómo se ha formado algo que es
parecido a una hipnosis destructora y así se lo desarma. Ese es el
hipnoanálisis que libra de la programación negativa que le han instalado
personas malas o destructivas que los aborrecen. Como señala el análisis
transaccional, muchos padres aunque sean buenos con sus hijos les
imprimen el mandato de “no me superes” y, p.ej., si la madre fracaza,
la hija debe fracazar, si la madre no disfrutó del sexo y de la vida,
la hija o no disfruta o tiene problemas, etc.
Todas las personas tienen una cierta capacidad de hipnotizar al natural
y algunas más que otras. Si uno da amistad y presta atención a alguien
al natural esa otra persona influye sobre nosotros. Por eso es que
hay que tener cuidado a quienes se les da amistad y a quienes se escucha
con atención. Porque si el otro es una persona que lo quiere destruir,
que en realidad desea su mal, el darle amistad o escuchar con atención
lo que dice, es precisamente, dejarse instalar una programación negativa,
destructiva, dentro de uno mismo. Simbólicamente hablando no hay que
abrir el corazón y la cabeza a cualquiera. Hay que tener cuidado de
personas que por enemistad muchas veces encubierta, o por error, le
quieren instalar algo negativo. Lo que se debe hacer es precisamente
no tratarlos en la medida de lo posible, o si ello no se puede evitar,
sólo lo necesario. Pero no establecer una relación de amistad y trato
frecuente y no escuchar demasiado lo que nos dicen, en la medida en
que se refiere a algo que puede influir sobre nuestras vidas. P.ej.,
alguien que le transmite la convicción de que sin las drogas no hay
felicidad y que en casos extremos aún de que sin la droga no puede
vivir o que no podrá librarse de la misma, etc.
Otro tanto puede decirse respecto de las personas que quieren desarrollar
sus capacidades actorales o cantorales. No les conviene escuchar demasiado
o tratar a aquellos que le transmiten la convicción de que son incapaces
y van a fracasar.
Es fundamental para la libertad mental y existencial el tener en claro,
que no porque alguien nos diga algo con convicción aparente o real,
no por ello es cierto. No porque alguien tenga más edad, más autoridad,
más estudio, más experiencia que nosotros, no por ello lo que él dice
va a ser verdadero. Hay personas en quienes algunos muy cercanos o
muy influyentes no creyeron y luego tuvieron un gran éxito, deportivo,
científico, artístico o político.
Hay que aprender a ser libres de la opinión ajena: se la puede tomar
en cuenta, pero muy especialmente hay que tomar en cuenta la opinión
propia, que es lo que cada uno siente de sí mismo. Quien mejor sabe
qué capacidades puede tener uno mismo, suele ser uno mismo.
Ayuda mucho a muchas personas el creer en Dios y el esperar en que
le puede ayudar tanto a desarrollar sus capacidades o a conseguir
el éxito. Esto es muy útil para romper la programación existencial.
Otra cosa muy importante es no estar en deuda con alguien, porque
es una forma de que nos influya exageradamente. Existe la tendencia
natural al equilibrio, a la justicia, cuando se debe no sólo en dinero
sino en otras cosas que pueden ser favores, ayudas, servicios, paz,
vida, (p.ej., alguien que salvó su vida gracias a otra persona) se
tiende a escuchar mucho más y existe la tendencia natural a que sea
mucho más influyente sobre uno. Por eso en lo posible no hay que tener
deuda, ni de dinero, ni de favores o de culpas.
La culpa también es una forma de otorgar una influencia exagerada
a otras personas. P. ej., una mujer que se ha portado mal con su madre
y se siente culpable, tiene la tendencia natural a darle una influencia
mayor a la que tendría. Así si la madre no quería que se casara, tiende
a fracasar o a ser menos feliz en su matrimonio.
En tiempos antiguos el que tenía una deuda y no podía pagar entregaba
parte de su campo, y sino tenía lo que entregar, entregaba a algún
miembro de su familia como esclavo. Esto hoy no se da en esta forma
dramática pero sí como una tendencia natural al equilibrio que permite
la mayor influencia de otras personas. Y lo peor de todo que pueden
influir negativamente de modo erróneo y destructivo.
La culpa es un peso en contra que aunque en el momento parezca que
no existe con el tiempo es decisiva y se debe evitar.
Sabiamente los creyentes en Dios desde hace miles de años, cada cual
a su manera, trataron de quedar libres de la culpa. Esto era algo
muy sabio y saludable para la libertad.
Aclaramos que no estamos hablando de algo superyoico o de complejos
de culpabilidad sino de la conciencia objetiva de quien sabe que ha
hecho un mal injusto a otra persona, que no se ha portado bien, que
ha hecho lo contrario de lo solidario y lo justo. Y precisamente como
lo señala Melanie Klein, el desprecio se nota en aquellos que tienden
a negar su culpa y para ello dan a entender que la persona que ha
sido víctima de su maldad o injusticia no vale nada, no merece ser
tenida en cuenta.
Muchas veces el desprecio es la mejor señal contra quienes tienen
alguna culpa porque frecuentemente se desprecia frente a quien se
sabe o se siente culpable.
Es muy liberador, útil y saludable el ayudar a que la persona reconozca
cuales son sus culpas o deudas y que sin ninguna exageración trate
de arreglarlas, de disculparse o de reparar. Esto lo ayuda a ser libre
verdaderamente y a disfrutar
de la vida.
Por el mismo equilibrio de la mente y de la existencia, las acciones
positivas, la bondad, el respeto, la ayuda, que se hacen a otras personas,
tienden a actuar como una programación positiva automática, tienden
a desarrollar las capacidades y a mejorar las posibilidades de éxito,
de evitar males, etc.